lunes, diciembre 16, 2013

ARGIMIRO GABALDÓN:: ¿UN PENSAMIENTO, UNA ACCION Y UN EJEMPLO PARA EL PORVENIR?



ARGIMIRO GABALDON


¿UN PENSAMIENTO, UNA ACCION
Y UN EJEMPLO PARA EL PORVENIR?

MERY SANANES

Estas palabras fueron pronunciadas el 14 de diciembre de 1994, en ocasión de cumplirse 30 años de la muerte de Chimiro. Diecinueve años después, en este diciembre del 2013, su contenido sigue vigente. Como también el sueño de Argimiro Gabaldón que se junta al de Pío Tamayo. 

Ni la seudo democracia ni la seudo revolución que hoy ejerce el poder en este expaís, han podido adelantar una historia distinta, que tome en cuenta al pueblo como agente histórico fundamental. 

Por  el contrario, la acción de manipular, domesticar y reprimir al colectivo se ha convertido en el eje de una política destructora que avanza, sin que nada la detenga, en su afán de alcanzar el control total de una sociedad, sumida en la confusión, el miedo y la sobrevivencia.

Por eso decíamos entonces y lo reiteramos hoy, que Argimiro Gabaldón, al igual que José Pío Tamayo, siguen sepultados. Su escuela aún está por constituirse. Pero sin duda su pensamiento, sus ideales, sus posiciones y valores constituyen una base importante para la concientización y organización de un colectivo que es el único llamado a enfrentar, no por la vía de las armas, sino con el instrumento de un pensamiento, una ciencia y un arte nuevos, los 203 años de una historia regida por los intereses de las minorías. 

Diecinueve años después, al cumplirse 49 años de su muerte, ni la derrota, ni las mentiras, ni las falsificaciones, ni las negociaciones y acuerdos, ni el amendrentamiento, ni la represión han cesado. Por el contrario, se han profundizado. 

De allí la inmensa tragedia de la historia que actualmente vivimos, continuación de aquella que llevó a su hermano Edgar Gabaldón a exclamar: 'Y si su biografía, detalle a detalle, no se considera merecedora de estudio y de examen, no sabe nadie quién vale aquí nada.'

Y de eso se trata . de estudiar, detalle a detalle, esas vidas, para aprehender los caminos que nos conduzcan hacia un porvenir distinto. ms

 UNA DERROTA QUE NO HA CONCLUIDO

De pronto nos asalta la interrogante relacionada con el dónde estamos y hacia dónde vamos.  Indispensable entonces el balance para saber qué de lo realizado adquirió permanencia. Estamos indudablemente frente al peñasco de un inmensa derrota que nos cubre y angustia mñas de lo que pensamos.  Y en medio de esa búsqueda, nos viene  a la mente la reflexión de Edgar Gabaldón, a la hora en que recibe el tremendo impacto: tu hermano, el Comandante Argimiro, murió hoy a consecuencia de la herida recibida por un disparo accidental que recibió.  Y en este momento, el hermano no se queda en una muerte.  Su reflexión se vuelca sobre el proceso de una terrible derrota que tiene en su seno, sin embargo, la propia semilla del triunfo.  Entonces dijo Edgar:

Las reflexiones que produce la muerte de un ser querido ya no son sagradas en este país, porque están separadas por el signo de la guerra civil.  La vida de todo hombre no vale nada si se le pone precio a la de uno solo.  Todos tenemos dinero para pagar la muerte de otro.  Y esto significa, en términos filosóficos, que en Venezuela se ha perdido  la razón moral y que quienes fungen de doctores de la fuerza ética, no han salido a hablar a tiempo.  Y que su silencio es cómplice de las muertes habidas en ambos bandos y las que habrán de venir.  De nada sirve un ejercicio intelectual que por cobardía retrocede ante el paisaje de la realidad diáfana y terrible.  Si a este país hay que lavarlo con sangre, de sus impurezas causadas por el caos social en que se debate para marchar hacia una estructura más razonable y humana, se le lavará.  Pero no digan entonces, quienes en él habitan, que no hubo quien les dijera lo que estaba pasando.  Ese es el sentido de la muerte de Chimiro.  Y si su biografía, detalle a detalle, no se considera merecedora de estudio y de examen, no sabe nadie quién vale aquí nada.  Porque salir al aire limpio y frío de las tierras, exponer la vida propia por un ideal, será siempre lo más noble y alto que pueda hacer un hombre en esta pobre tierra, tan triste y poca cosa.

Edgar Gabaldón Márquez*

La mayor derrota infringida al movimiento revolucionario que estremeció la década de los sesenta, no fue la represión que se asentó en los teatros de operaciones, ni la que fue liquidando uno a uno los elementos considerados peligrosos y subversivos.  La mayor derrota se le infringe a quienes quedan con vida, a los supuestos sobrevivientes de unas jornadas que afectan de la manera mas terminante y profunda a un buen grupo de combatientes, a quienes convierten en destrozos.  Y a quienes igualmente afectados por la avalancha derrotista intentan andar con los sueños y las esperanzas a cuestas.  Rómulo Betancourt fue el mayor artífice de esa derrota.  Proclamada mucho tiempo atrás, cuando todo era unidad, libertad y fraternidad.  Y cada uno de los pasos fueron conducidos por el enemigo.  Nada se escapó a su dominio.  Y esa triste y terrible realidad  que hoy vivimos no es más que reflejo y evidencia de una derrota que no ha concluido.

UN LLAMADO QUE AUN NO SE ESCUCHA

Argimiro Gabaldón fue testigo y actor de una derrota que quiso detener.  Como años antes lo intentara Pío Tamayo, con la sola  fuerza de su convicción revolucionaria, con la sola decisión de su perseverancia y su coraje.  En el momento en el cual para el Partido Comunista y el MIR la lucha armada fue una táctica a seguir, una manera de acceder al poder en breve plazo, acorralados como estaban por las derrotas infringidas por Betancourt, Argimiro se fue a las montañas a plantear una lucha de otras dimensiones, otros contenidos y otras proyecciones. 

Pero esta fue una forma de luchar que no fue asumida por el colectivo en forma consciente y militante. La emoción se conjugó al acomodo de muchos dirigentes que supieron mandar pero nunca conducir ni acompañar en el hacer práctico y concreto.  De allí la incoherencia y la perversión. Y como parte de todo este terrible cuadro, aquella voz que se alzaba solitaria y angustiada.  Es el llamado al combate, a la atención a  las guerrillas, a la solidaridad, a redoblar las luchas por la toma del poder para el pueblo.  Un llamado que no se escucha y el cual se pretende, más bien, enterrar.

UNA PROPUESTA DE CAMBIO RADICAL

Decía Argimiro: “Nosotros estamos interesados en hacer la Revolución en nuestro país y la entendemos  como un cambio radical en todos los sentidos y en  todos los terrenos; como la total y profunda transformación de nuestra Patria, que haga de ella una sociedad justa, sin miseria ni opresión, una nación dueña de sus riquezas, próspera y feliz, un país libre y soberano.”  Argimiro en ese sentido, no sólo fue derrotado por el enemigo que le puso precio a su cabeza, sino desde adentro.  Desde aquellas noches donde a la montaña no llegaba ni un caramelo ni un terrón de azúcar. Desde aquellos días de sembrarse entre las filas y los ríos, mientras abajo se debatían las mejores formas para congraciarse con el poder. Y abatido en aquella bala absurda que lo alcanzó.

NO FUE DERROTADO EN SUS IDEAS VIGOROSAS

Pero Chimiro no fue derrotado en el enfrentamiento, en el combate, en el mantenimiento de sus ideas vigorosas, en la convicción de código de deberes, en la perseverancia en su ideario vital.  Y eso es lo que debemos rescatar y es lo que está condenado al silencio.  ¿A quién importa o convoca Argimiro Gabaldón hoy en día?  ¿Qué significa y dice a estas generaciones para quienes ni siquiera es una referencia?  ¿Qué diremos de esta universidad que se conmovía hasta sus cimientos cuando caía uno de los nuestros?

¿QUE HICIMOS CON TODOS ESOS SUEÑOS
DE CAMBIAR EL MUNDO?

En 1966, a dos años de la muerte de Argimiro, la promoción de la Escuela de Letras de ese año, llevó su nombre. Una promoción dividida, porque apenas siete estudiantes asumimos el compromiso de llevar esa bandera.  Y aquí en estos espacios  estuvo el General Gabaldón y se plenaron del entusiasmo de una juventud que sabía llorar a sus muertos y que tenía coraje para irse a entregarse a una causa.  ¿Qué hicimos con toda esa rebeldía, esos sueños de cambiar el mundo, esa capacidad para el sacrificio, ese valor para enfrentar la muerte?  ¿Qué ocurrió con los padres que tuvieron que enterrar a sus hijos, con los hijos que enterraron a sus padres? ¿Qué ocurrió con una sociedad que vio morir a tantos en una pugna entre la fiereza de un enemigo claro en sus objetivos y unas directrices contradictorias y despedazadas?  ¿Cuál es el balance actual de aquella terrible y costosa guerra?

¿QUE CUANDO PREVALECE HOY EN ESTA
SOCIEDAD?

No podemos hablar de Argimiro  sin preguntarnos por lo que hoy  hacemos.  ¿Cuál es el cuadro que prevalece en esta sociedad?  ¿Cuáles son los valores de una juventud sin ni siquiera un ideal por el cual luchar?  La vida de Argimiro significa el rescate de un modo de vivir, consecuente con un pensamiento y una acción.   Significa la decisión de no traicionar nunca  aquellos sueños en los que se cree, así estén despedazados por un enemigo muy poderoso.  Significa perseverar en la utopía de convertirnos en transformadores de esta historia, sin detenernos a pensar en el balance  contable de ganancias  y pérdidas,  Por ello tiene razón Edgar cuando dice, que si la biografía de Chimiro no se considera merecedora de estudio y examen, no sabe nadie quién vale aquí nada. Porque salir al aire limpio y frío de las tierras, exponer la vida propia por un ideal, será siempre lo más noble y alto que pueda hacer un hombre en esta pobre tierra.
                                                                                       
PROPUSO EL CAMINO DEL PUEBLO

Pero además en Argimiro se juntan muchas otras cosas.  Poeta, novelista, pintor, periodista, historiador, fue librando la experiencia y la teoría para dejar testimonios de un camino que calificó de duro, muy duro, pero como el camino que debe recorrer el pueblo, para hacerse al fin constructor de su destino. Y en este aspecto Chimiro fue fiel a su palabra.  No entendió las guerrillas como aquel arroz con pollo, sin pollo, como lo calificara Rómulo Betancourt, sino como un trabajo junto al pueblo.

FORMAR AL PUEBLO PARA CONVERTIRLO EN
VERDADERO ACTOR DE SU PROPIA HISTORIA

Argimiro había nacido y andado por esos caminos del pueblo.  Había vivido y compartido con la gente que vive de la tierra, y había probado el café amargo de los campesinos.  No como alguien que va de paso,  sino en comunión con ellos. De allí la importancia que le asignaba a ese trabajo de convivir para crear conciencia.  De participar para poder clarificar.  En otras palabras, estar preparado para vivir sencillo de aquellos hombres,  canteras de alegrías y hallazgos maravillosos.  Tenía conciencia de que si la guerra era larga y prolongada, lo fundamental no radicaba en echar unos disparos aquí o allá, o proclamar la toma de un caserío, o un pueblo, sino formar aquella gente para convertirlos, no en dirigidos sino en actores de su propia historia.

ARGIMIRO ENRIQUECIO EL IDEARIO
PIOTAMAYISTA

En otras palabras, Argimiro enriquecía aquella formulación que hacia Pío Tamayo, casi cuatro décadas atrás:  todos nuestros males residen en que no hemos tomado en cuenta al pueblo  como agente histórico fundamental.  Pero ese es un planteamiento que ha sido dejado de lado y que ha estado ausente en la práctica de los partidos y grupos de izquierda en este país.  Al pueblo no se le incorpora  a sus propias luchas, se le utiliza, manipula, domestica y finalmente se le derrota una y otra vez.  Con la muerte de Argimiro, se quiebra una voz y acción que se ubica en la perspectiva de la historia del pueblo,  que parece ser la única garantía de echar adelante una verdadera transformación en estas latitudes.  Porque hay que decirlo, Chimiro como Pío, no dejan escuela ni alumnos.  Por el contrario, a la muerte que los arrebató, se le suman muchas otras formas de muerte y todo el silencio de una vida política signada por la complicidad, la descomposición y el cinismo.

EL COMANDANTE CARACHE ESTA AUN
SEPULTADO

El Comandante Carache está aún sepultado.  Pero estos otros treinta años de derrotas son tiempo suficiente para convocarlo a la tarea colectiva de la historia del pueblo.  Tiempo para rescatar, dar a conocer, divulgar y difundir su ideario, su pensamiento político para que su estudio pueda contribuir a la conformación de ese pensamiento del pueblo del que aún carecemos como pensamiento del pueblo del que aún carecemos como pensamiento orgánico y organizado, valido como instrumento de transformación.  Hasta ahora seguimos divididos, fragmentados y dispersos.  Cada cual dueño de una parcela, un destino.  No hemos sido capaces de comprender que la acción que habrá de conducir al pueblo-pobreza hacia otra historia, pasa porque nos despojemos de muchos vicios, porque asumamos una perspectiva distinta, una práctica y un pensamiento cuyo norte sea, en verdad, el mejor vivir del hombre.

LA FUERZA DE LA JUVENTUD
PARA FERMENTAR A LOS PUEBLOS

Argimiro significa, en esa dirección, un ejemplo y una lección. Porque asumió el  reto y el riesgo de ese camino duro y prefirió, como él mismo decía, entre lo amargo y lo dulce,  lo amargo.  Decía Argimiro: “Sólo una juventud impaciente, que se rebele contra el mundo tradicional, que no reflexiona para escoger entre lo dulce y lo amargo, y escoge lo amargo, es la sola fuerza capaz de hacer fermentar a los pueblos y producir las grandes revolucionarias redentoras.” Entregó su vida a esa tarea y nos dejó las señales para proseguir por esa vía, dejando en cada espacio, en cada lugar que ocupemos, un aporte a esa lucha y a esa batalla.

LOS MENUDOS ARROYOS DE HECHOS HUMANOS

Decía Chimiro: “Es muy difícil mirando el arroyo, que como una débil linfa se escurre entre las peñas, pensar que allí esta naciendo el Padre de las Aguas.  No es fácil darse cuenta de que aquel hilo torpe de agua va a dar al mar, hundiéndose en su costado con una grandiosidad que pasma.  Acostumbrados a las síntesis históricas, que nos presentan los grandes hechos, las grandes batallas decisivas, los grandes héroes coronados de gloria, pocas veces pensamos en que esos hechos, esas batallas, esos hombres, solo han sido posibles, porque menudos arroyos de hechos humanos se pusieron un día a correr.  Pequeños hechos y pequeños hombres, son los arroyos del río padre de la Historia, aunque sus linfas confundidas el día de la victoria en su ancho cauce no las logremos distinguir. Aunque la pequeña quebrada, sin nombre en la geografía, no figure en los mapas, su agua es la madre del Padre de las Aguas.”

CHIMIRO FUE UNA QUEBRADA TUMULTUOSA
EN BUSCA DEL PADRE DE LAS AGUAS

Y Chimiro es ese arroyo de agua que va buscando al padre de las aguas, es pequeña quebrada que hace posible el océano, en un tiempo de sequía y devastación, donde ni siquiera existen aquellos pozos artesianos que con tanto empeño Pío sembró en tierras tocuyanas buscando agua para las cañas. Así la historia del  pueblo, es suma y síntesis de esos hilos de agua, de esas pequeñas quebradas, de esos hechos diminutos, colectivos y anónimos que va tejiendo ese pueblo sobre la vida.  Y es allí,  y en ellos, donde habremos de encontrar la razón, la causa y la fuerza para que ese padre de las aguas, hechura de todas las quebradas que lo nutren, sea hacedor de una historia colectiva, de una sociedad hermana, de un  tiempo sin demarcaciones de propiedad, que desvíen el curso de las aguas, hacia campos cercados.  En esa perspectiva, y en esa óptica, emergieron esas cascadas que fueron Pío Tamayo y Argimiro Gabaldon, con el propósito de convocar a una acción colectiva de transformación y redención.

REVOLUCION FRENTE A REFORMISMO

Por ello su mensaje y perspectiva es revolucionaria frente a la escuela reformista que ha tomado el país para su beneficio y usufructo.  Escuelas que están por construir, multiplicar y difundir.  Argimiro Gabaldón significa un momento, un combate librado en la tarea de enfrentar el reformismo, echar las bases de  un pensamiento auténticamente revolucionario, una derrota temporal que sin embargo es anuncio y predicción de las más altas victorias.  Un curso de agua, un manantial que se desborda  sobre el infinito de la vida bordando la canción anónima del hombre y que convoca a un coro numeroso para el día de la gran sinfonía para flauta de pan, viola de amor y río de cuerdas, con la que el hombre habría de celebrar al fin la fiesta de su auténtica resurrección.*



* “Qué pasa en Venezuela” 22-12-64, p.9.

* Palabras pronunciadas, el 14 de diciembre de 1994, en la Sala “E”, de la UCV, con motivo del acto conmemorativo de los treinta años de la muerte del Comandante Argimiro Gabaldon, organizado por Cátedra “Pío Tamayo” y el Centro de Estudios de Historia Actual.

2 comentarios:

Polanco Delia dijo...

Más que aleccionador, es conmovedor.., Gracias por compartir este texto
Delia

José Luis Rojas Lanzarote dijo...

Mentalizar con ideales, porque esa historia es igual la de allí, como la de aquí. La de Venezuela, como la de Canarias. Contaremos cada uno, los muertos que cáes y lloraremos a todos y cada uno de los que calleron. Pero ¿Quien provoca los muertos?. Siempre ha sido así. Los muertos siempre los provoca el capital, porque es quién presiona al trabajdor o al pobre. Las guerras que vendrán, nos doleran más, porque ya no nos quedarán maás vivos que matar. Termino con un pensamiento que llevo toda la vida conmigo: "No tengo vivos por los que rezar, ni muertos por los que llorar". Muchas veces las guerras, son necesarias, vistas desde el angulo de quien recibe la pisada de la bota del opulento, del despreciado capitalista. GRACIAS.