jueves, febrero 08, 2007

EL SOCIALISMO DE LA DESESPERACION

desesperación / susana weingast

En la actividad de este lunes en la Cátedra ‘Pío Tamayo’ y el Centro de Estudios de Historia Actual realizamos un debate con este título: Del 04F-92 al Socialismo de la Desesperación. Para sorpresa nuestra la polémica se armó desde la propia convocatoria. A algunas de las personas que dicen abrazar la ‘revolución del socialismo del siglo XXI’ no les gustó que hiciésemos referencia a lo que consideramos un verdadero acto de desesperación y que conduce a la implantación de algo que es la simple reproducción de un fracaso, un engaño.

Por mucho tiempo lo hemos dicho. No hay nueva sociedad si no se produce una modificación profunda en los mecanismos del aparato productivo, que a la postre termine por conformar la plataforma-condiciones para el advenimiento, desarrollo e implantación de un nuevo Modo de Producción. En este punto radica el fracaso del Socialismo que se nos ha vendido hasta la fecha.

Lejos de construir un nuevo aparato económico y social se le dio continuación al prevaleciente. Se cambió la forma pero se mantuvo los contenidos. Por ello, por encima de los ‘planes socialistas’ para la construcción de un mundo mejor que nos acercara a la sociedad ideal sin Estado, ganancia ni propiedad, se levanta el Estado de la Burocracia Socialista, nueva entidad de y para la dominación. Una ‘casta’ que se vende como representante de los explotados para conformar en su nombre nuevos centros de poder explotador.


En el caso de la llamada ‘revolución bolivariana’ el poder fue tomado por una mafia militarista que se apoya en el alto capital petrolero, para prometerle máximas reivindicaciones al colectivo hambriento y frustrado.

Ante el fracaso del modelo puntofijista, basado en los acuerdos-trampas para favorecer una vez más a la burguesía, de los planes subversivos-armados de los sesenta, surge ahora el proyecto de una ‘revolución pacífica pero armada’ que se encargaría de imponer mejoras en las condiciones de vida del colectivo y re-fundar la patria a partir de la ‘convocatoria e invocación del constituyente originario’.

Pero esto no es más que el pretexto de que se vale un proyecto golpista para disfrazarse de revolucionario. Y lo primero es moverse en los límites del bolivarianismo. Pero ahí no hay una doctrina para la transformación de la sociedad. La máxima obra de los libertadores fue una independencia encargada de dejar con vida las propias miserias establecidas por los invasores. De modo que resulta forzado hablar del modelo de economía o de sociedad postulado por Bolívar. Su referencia sirve en lo fundamental para afianzar la imagen héroe-caudillo.

Es el tiempo de la ‘revolución made in USA’ en el cual ‘el proceso’ tiene las mejores relaciones con el ‘imperio’ por cuanto le asegura la estabilidad política y con ello la paternidad sobre el yacimiento petrolero.

Y al momento de las crisis, entre el 02 y el 04, ese imperio cuida de que se mantenga quien está comprometido con su causa petrolera. De allí el establecimiento de la Mesa de Negociaciones y el retraso del Revocatorio hasta garantizar la victoria vía la implantación de la unidad CNE-Smartmatic.

Por encima de la inscripción del componente cubano en nuestra política, y del antiimperialismo verbal desatado, a USA se le otorgan beneficios sin precedentes en la historia de este ex–país. Además de la entrega gas y la paralización de la explotación de la orimulsión se inscribe la gran regalía de los contratos mixtos. Un 60 por 40 que en la práctica significa que aportamos el yacimiento y la infraestructura y las compañías perciben la referida ganancia por ‘su trabajo’ de sacar y llevarse el petróleo.

Una realidad a tal punto grave que el camarada Jerónimo Carrera, presidente del PCV, se pregunta si Chávez será el último guachimán en Venezuela, porque hasta el presente hemos tenido por presidentes a vigilantes llamados a garantizar los bienes del imperialismo en estas tierras.

Hasta ahora el monopolio recae sobre la industria petrolera para mantener el estado de ruina en que vivimos. Por esto es necesario luchar por la industrialización del país que sería la gran revolución (EU, 06/02/07). Y esto quiere decir que aquí no hay revolución en términos de industrialización por cuanto seguimos siendo un territorio donde ejerce a plenitud el yanqui invasor.

¿Dónde está entonces la revolución socialista del siglo XXI? Esta es, a decir del propio Carrera, una fantasía. Pero tal vez haya que ir más allá para entender que aquí la convocatoria e invocación al socialismo tiene que ver con un doble fracaso-derrota.

Por una parte, la caída de un tal proyecto bolivariano que se va a pique por no contar con un soporte teórico de alguna consistencia que sirviera de base a una práctica histórica concreta. Por la otra es el empeño manifiesto de oxigenar el llamado socialismo real, a nivel internacional como soporte necesario y a nivel interno como arma de manipulación de un colectivo doblemente desesperanzado.

La cúpula mayor del ‘chavismo’ asume el socialismo siglo XXI como una trampa dispuesta para tratar de asegurar una permanencia en el poder que, una vez liquidada la oposición, se ve amenazada por la implosión propia de quienes se disputan su parte del botín-ex-país. De allí proviene la desesperación.

Primero se miente con una convocatoria-invocación de un poder constituyente originario, que no llegó a existir, luego se actuó en base a la Trampa Santa Inés I dispuesta para el fraude 15AG-04, y hoy la gravedad de los problemas internos producen este ‘socialismo de la desesperación’. Un socialismo inventado para detener el avance del radicalismo, para convertirse, como ayer, en muro de contención de la rabia, el dolor y la angustia, de un colectivo que ningún beneficio ha recibido de esta ‘revolución’ distinto a la tarifa-represión-manipulación.

Acudir a la mampara del socialismo de la desesperación es, por tanto, una respuesta ante la propia conciencia del fracaso que conlleva cualquier proyecto que se proponga vivir del pasado-atraso-dolor. Porque éste sólo puede servir para ahondar en la perversión, nunca para apuntalar el porvenir. abm333@gmail.com
publicado en El Universal, 9 de febrero del 2007


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